sin un espacio que habitar, sin un pedazo de tierra al cual pertenercer Jose Abdulio deambula por la calles del puelbo una y otra vez…
su corazon tirado por el suelo, descansa de los hechos citidianos… Jose Abdulio amanece y no amanece a cada instante…
(m-ar)ena-
en la arena encuentro un poco el sultil jadeo de las olas muertas, como tristes moribundos que llegan a la playa y gritan su ultimo halo de esperanza, a veces mi vos llega un poco asi a donde estás, mi alma jadeante, al punto de la pérdida del sentido llega a tu brazos que sencillamente se despiden.
nada de nada
en un dia de nada te regalé un vestido de nada, con flores de nada, para que nos tomaramos fotos en la ninguna parte; luego te despediste de un beso de nada, sobre la mejilla de nada, y tomaste un bus hacia la nada…
me dejaste con el corazón en la mano y en la mitad de la nada, llorando lagrimas de nada y saboreando melocotonees de nada…
clima
a veces amaneces con esa cara como si la nariz te aprisionara, como si en tus ojos anduvieran perdidos dos exploradores con gripe, a veces tenes ese malgenio que sabe a chocolate amargo; pero en un quien sabe y a la vuelta de una esquina redonda aparece entonces esa expresión que sonríe timidamente, me gusta entonces voltearte la sabana y ver ese rostro fungirse de rabia infantil, porque sé que después de odiarme brevemente volveré a pedirte rescate por una sonrisa…
de vuelta a clases
al salir del recreo, en vez de cruzar la puerta que la dirigía hacia el salón de clases, encontro que la puerta se habia transformado en una ventana, que los pupitres tenian patas que se movian como insectos y que la profesora se habia convertido irremediablemente en un elefante del tamaño de una hormiga; de su lonchera salieron tres pedazos de nube, 150 granos de arena verde, 5 toneles de aire sabor azucena y un lapicero que en vez de tinta tenía abrazos…
Fin de semana
violas de limon con notas de sal, a veces tu sonido atrae a los chicos del parque mientras juegan sobre el papel y la arena…
la soledad viene por vasos y en pequeños sorbos, a veces me trae un sabor amargo y en otros uno meloso como el atardecer de un verano…
se vistio de naranja bajo un arbol de naranjas mientras comia una naranja, fue entonces por un camino naranja y mientras los hacia se quedo soñando ovejas naranjas que comían naranjas dulces…
ortografía cotidiana
la vida, ese paréntesis
vos, ese signo de admiración
y yo, unos puntos suspensivos…
(¡)…
despedida de las manos que un dia enseñaron a escribir…
a mi mismo
pudiese escribir un quien sabe… un tal vez después, un quizás, un de pronto…
pero nada te inmuta ni te saca de las distancias, ahora yo un poco convertido en un recuerdo efímero que se disipa con ….