Desde mi escafandra veo como vuelan tus besos hacia el abismo y desde mi pequeño submarino de cartas me dirijo hacia vos como un explorador de esos que vivían a principios de siglo XX; que extraño tenerte con un muro invisible de distancia, con tanto silencio en la profundidad.
La penumbra entonces se esconde cuando partes a la mitad mis palabras con tus palabras.
Banca y parques de diversiones
Ese día en el que me dijiste que finalmente acabaría todo, me quede sentado, en silencio, en mitad de la banca por mas de dos horas; al levantarme lo hice lentamente o mas bien lo sentí lentamente.
No sabia si la extrañeza era mas fuerte que la ira o ironía de nuestra despedida en mitad de una banca del parque de diversiones.
Al salir, del parque me sentí un poco más solo, un poco más agitado en el interior, no diré que estaba fragmentado o que sentía el alma desvaneciéndose. Era una nueva sensación el hecho de devolverme con mi soledad, de asistir a los típicos rituales -ahora conmigo mismo-, el cine, la mañana, el chocolate, la ducha…
Ya no escribo sobre tu cuerpo, tampoco sobre los labios sabor a naranja, no te describo a media tarde, ni te mando mensajes, es más sencillo el estar, es más sencillo el quedarse ahora en la tarde rayando el sol.
Así que finalmente debo decirte que agradezco tu partida, porque finalmente me dejaste con mi soledad.
primer día
ese primer día en que la calle solitaria huele al carbón del parque, a juguetes estrenados, en que te veo al amanecer, ese sabor tacto suave de tus piernas bajo las sabanas…
esas historias imaginadas.
Confesiones (este debe ser como la 5)
y bueno, agradezco a todos y todas los que este año me han seguido de una u otra manera, sin importar que estén por unos segundos o por varios minutos al frente de estas letras. Como siempre he dicho, este espacio esta dedicado a la expresión misma y me valgo de mi propia historia, de las pelis que veo, de la gente que me cuenta historias para escribir una y otra vez.
Aquí encontraran las mezclas de decenas de personas, a veces comienzo a escribir pensando en alguien y pf luego viene otro recuerdo y otro y otro y luego un salto de imaginación por pensar en un improbable. Son pocos los post dedicados a una o varias personas, quiero mover las emociones como cuando uno se monta en un autobús viejo y al pasar por lo huecos se siente un salto, un suspiro, te tomas fuerte de la baranda e intentas no salirte de la silla.
Como decía hace poco con un amigo que también escribe, no me crean y a la vez háganlo, no infieran mi personalidad de mis escritos, mis gustos o en el peor de los casos quien soy (aunque a veces digo quien soy)…
Escribo para emocionarme, y de paso para emocionarlos, tener nuevos significados de la cotidianidad…
Salto una y otra vez como Alicia, por un beso, por un aroma dejado por una desconocida en el tranvía, por unas letras sobre la pantalla y a veces por sencillamente nada.
Como toda historia comenzó con un primer paso, agradezco a una chica que hace mucho mucho tiempo me enseñó que en el mundo hay mundos y que una buena noticia merece ser siempre saltada en la cama, trip, trip trip.
Que tengan una nueva y bella vuelta al sol, que tengan sonrisas, lágrimas, silencios, palabras, que se mantengan respirando por los próximos 31 556 925.1 segundos y esperen otra vuelta al sol.
Desde la tercera roca del sistema, Pablo (!)… un chico de si y no.
Fragmentos y pedazos de aquello que fue (todo en un tazón de cereal)
Aquella noche la soledad te rompió en pedazos y desde entonces huyes de tus fragmentos.
Le digo adiós a todas la formas que tienes de ser tu, a la mañana, al mediodía y a la tarde.
No te despediste, solo dejaste un interminable silencio.
No me salves ahora, no me salves mañana, no me salvos mientras yo caigo bajo tus besos.
Me fui porque no me desnudaste con tus palabras y no invitaste a la primavera.
Tal vez te busque y quiera leer de nuevo tu dorso, sé que solo habrá silencio, por eso quiero que si te buscó es porque me ha llevado el viento. tal vez si, o tal vez no.
Cartas al parque a mediodía III
Este año comenzó con tu despedida, con el hecho de haber descubierto que nuestros asombros son diferentes, que van por caminos en motocicleta casi opuestos; que yo aún riego la sal sobre el comedor y escribo tu nombre, que tomas el despertador y lo pones debajo de tus senos para que siga sonando a través de tu cuerpo; lo cual tampoco me molesta pero a la final deseas que ese sea un rito privado, sin espectadores. Y eso fue en últimas lo que hizo que nos subiéramos por separado a la torre de Chicago, yo un mero espectador de tus palabras de naranja, tu desgarrando los algodones de azúcar rosados.
Entonces entonces, entonces… como me saca de quicio ésta palabra, ya me cansé de considerar los entonces, la lógica, las consecuencias, odio ese instante cuando preguntaste cómo me veía en unos años, en unos meses… yo solo me quiero ver al espejo hecho por el agua del parque. Por eso a mitad del año huí, huí en silencio hacia fuera de la ciudad, a tener silencios con las hojas y no con tus nostálgicas palabras.
Mi cuerpo te ha ido olvidando, mis manos casi no recuerdan tus sabores, y creo que me quedaré únicamente con tu mirada.
Y a mitad de año todo cambio abruptamente, después del silencio vino ella con sus sonrisas un poco tímidas a mediodía, con su olor a fresa, con su pijama rosada, con los suspiros que se me llevaban los míos, ella que me compuso una autopista de quereres y nomeolvides… y como siempre todo terminó o casi en un aeropuerto, a medianoche, a medio sabor de día, le di mi suéter de rayas, lo tomó entre sus manos y acercándolo a sus labios me dijo que le gustaba mi asombro. Desde entonces me envía postales sin palabras, sin letras, son fotos de sus labios sobre hojas, de su dorso sobre la sabana, de sus pies al levantarse. De su cotidianidad.
Como Carónte, yo llevo un bote de despedidas, no le pido que se quede o se vaya, mejor le cambio un par de sus ilusiones por la mías, un par de fotos por mis letras. Tal vez usted me olvide, tal vez yo me olvide… igual seguiré por aquí en este bote.
Cartas al parque a mediodía III
Este año comenzó con tu despedida, con el hecho de haber descubierto que nuestros asombros son diferentes, que van por caminos en motocicleta casi opuestos; que yo aún riego la sal sobre el comedor y escribo tu nombre, que tomas el despertador y lo pones debajo de tus senos para que siga sonando a través de tu cuerpo; lo cual tampoco me molesta pero a la final deseas que ese sea un rito privado, sin espectadores. Y eso fue en últimas lo que hizo que nos subiéramos por separado a la torre de Chicago, yo un mero espectador de tus palabras de naranja, tu desgarrando los algodones de azúcar rosados.
Entonces entonces, entonces… como me saca de quicio ésta palabra, ya me cansé de considerar los entonces, la lógica, las consecuencias, odio ese instante cuando preguntaste cómo me veía en unos años, en unos meses… yo solo me quiero ver al espejo hecho por el agua del parque. Por eso a mitad del año huí, huí en silencio hacia fuera de la ciudad, a tener silencios con las hojas y no con tus nostálgicas palabras.
Mi cuerpo te ha ido olvidando, mis manos casi no recuerdan tus sabores, y creo que me quedaré únicamente con tu mirada.
Y a mitad de año todo cambio abruptamente, después del silencio vino ella con sus sonrisas un poco tímidas a mediodía, con su olor a fresa, con su pijama rosada, con los suspiros que se me llevaban los míos, ella que me compuso una autopista de quereres y nomeolvides… y como siempre todo terminó o casi en un aeropuerto, a medianoche, a medio sabor de día, le di mi suéter de rayas, lo tomó entre sus manos y acercándolo a sus labios me dijo que le gustaba mi asombro
Cartas al parque a mediodía II
loca, rara, extraña, unida con pegastick a la realidad, con labios de autopista, con sexo a 120 km/h y sabor naranja, expectante, asombrada, anonadada, vitupera, pensante, escritora, ida, venida, simple, compleja, maniaca, bipolar, histérica, silenciosa, dilemática, con mirada de televisor de los 70, con vocablos que salgan del esófago, del estómago, visceral, impregnada de atardecer, con besos sabor a noche… y que vaya midiendo la vida con suspiros.
que me ame y me olvide
y que yo la ame mientras me olvida.
cartas al parque a mediodía I
a veces, apareces y desapareces como la arena bajo los pies en la playa
tienes silencios a mitad de la rueda de Chicago similares a espacios en los algodones de azúcar
tienes besos que saben a domingo de fin de año
tu piel huele a Whisky en la noche
y asi… eres y no eres… estas y no estas..
Historias y sofás con coca-cola
Ese mismo día ella partiría a NY, rara vez voy a los aeropuertos a despedir a alguien, me surgen una gran cantidad de sentimientos encontrados que poco entiendo, al caer de la tarde, llamamos un taxi y la acompañe hasta inmigración. Mientras pasaba papeles ella me mandaba besos al aire, compré un café expreso y con mi aliento empañe uno de los vidrios que dan hacia las puertas de abordaje, allí en mitad del vidrio escribí, Tetas de mantequilla…