cocktail

tomeme brevemente a sorbos, entre los recuerdos, como un tinto de media tarde, bebame como un cokctail de madrugada, pierda el conocimiento, el sentido, la conciencia… deje que caiga entre sus sueños, sus labios, su cuerpo…
dejeme en medio de un tazón de zucaritas con leche y azucar…

al final solo tomeme en sus manos y lleveme en su vida.

Extractos de carta

el eco que deja tu cabello sobre mi cuerpo, es eco que me quiero llevar sobre el saco, con el que quiero viajar..

14 horas

14 horas, 67200 latidos, 15120 respiraciones, 120 suspiros,  cerca de 4300 palabras dichas, cientos de decenas de caricias, metros de besos… y con el recuerdo de tu cuerpo en mi cuerpo…

Esos instantes

Aqui es cuando comienzo a describir algún tipo de instante cotidiano y tomo las palabras de algún libro de poesía y transformo un sencillo instante en otro. Sin embargo, en esta ocasión haré algo diferente porque sencillamente ese instante existe en mitad de su presencia y la mía, desde hace unas semanas usted ha convertido mis eventos cotidianos en suspiros, se me ha llevado las soledades entre cultivos de flores, me ha puesto a divagar entre los espacios del tiempo, sus besos me llegan hasta los oídos, como caer en mitad de un helado sundae, usted expele música, sabe a no ciudad…
antes me perdía en la ciudad… y ahora lo hago en usted…

Escenas

El fin de la noche está sellada, los instantes  a pasos de gigante se despiden con sabor a cocktails y mojitos. En la barra aún permanece un chico jugando con carambolas de dulces, tocando los manís a pleno amanecer, haciéndose reflexiones innecesarias sobre la mañana con sabor a ropa mojada. Tal vez no sea la escena poética que todo el mundo sueña en la mañana, ese instante con intenciones de eternidad, es solo otra escena, recurrente, monótona, simple y casi mordaz…

lo cotidiano

es así que de pronto, sin saber, si tener un porqué, te veo desnuda al otro lado de las sabanas. ese territorio que lleva tu nombre, tus pensamientos envueltos en la mañana con sabor a tinto; tu cabello con la memoria de la noche, sutilmente enredado…
vos mirando la pared de mi cuarto…
silencio
ese silencio que huele a suspiros
ese silencio roto y quebrado con la mirada…

amaneceres no dados y otros preguntarios matutinos

¿cómo tomarte cuando amanezca?
¿cómo perderme en vos a medida que el sol salga?
¿cómo cruzar la barrera de los sueños y la noche?
¿cómo girar medio dormido medio despierto y tocarte?
¿cómo retenerte con las sabanas?
¿cómo suspirarte el oído?
si no estás…

amaneceres y otros eventos no relacionados

hacia eso de las 7 de la mañana, ella se despierta, se queja un poco del sol matituno e inevitablemente se voltea sobre las sabanas, toma su tinto con las dos manos, parece que quisiera encerrar en sus manos la taza, mira hacia la pared pintada y me pregunta sobre lo que ve; yo sonrío y la beso, me alejo con la única necesidad de ver su espalda desnuda…
cuando finalmente me quedo ante ese paisaje desnudo, ella esta sentada abrazándose sus piernas…

sobre velas y relojes

a falta de relojes, siempre en bienvenida una vela para contar el tiempo. fue así que comencé a decir que se iban medias docenas de velas en un beso imaginado, que me perdía por entre el dorso por el tiempo de media vela, que un beso corto duraba un cuarto de vela, prepararte el cafe un suspiro de veladora…

apenas si uso el reloj… porque con el tiempo, también cambie el conteo de velas por besos…

sobre trufas y otras pasiones

En el vaivén de un beso que sabe a trufa, en el instante en el que tu cuerpo desnudo dejar caer su peso sobre mi brazo, cuando el alba llega distraída ante los ojos… allí, nuevamente te desperté para darte otro beso…