paréntesis de recuerdo

Me costó y con gran esfuerzo aprender a nadar, no fui como otros afotunados con río al lado o cursos de verano en la piscina; como buen citadino nadaba entre la calles y entre montones de arena que quedaban de las construcciones del lado de la casa o de la propia en los vanos intentos de mi padre por siempre querer construir el «otro piso».
No puedo negar que esfuerzos hubo, porque para eso sirven los paseos familiares, para intentar (léase bien, intentar), tomar esos dos brazos mios flacos en una secuencia coordinada que permitiera que junto con mis piernas avanzar en el agua. Los años pasaron y la idea se surcar por si mismo y sin ningún atavio el agua se diluyó.  Los intentos familiares tienden a frustrarse después de 20 minutos en la piscina en el cual uno termina por aprender a tomar agua con cloro y quemarse la espalda.
Fue ya en la universidad que finalmente tomé por mis propios medios un medio cursito en una piscina olímpica que compartía obviamente con una decena de seres de no mas de 10 años. Pasaba cerca de dos veces a la semana en esa alberca o piscina, y aunque si la cosa es de estilos debí formar el mio propio que al instructor poco le gustaba..
Hoy amanecí extrañando esa sensación de estar rodeado de un liquido por todo lado, es más, tengo nostalgia de cómo se escuchaban las voces de los niños en mitad del agua, casi como con un eco que aparecía y desaparecía a medida que uno entraba y sacaba la cabeza.

Aterrizaje

Caí en un gran jardín, había un silencio con olor a miel y dos vacas que muy amistosamente me invitaron a ser su amigo. Sin embargo, les dije que no me gustaba el pasto y a parecer eso les causo gran escozor. Hacia eso del medio día me tope con un plantío de girasoles, todos se voltearon al unisono para saludarme.
-buenos días, me dijeron en coro.
-buenos días.
-eres tu el que nos trae sol y agua?
-no, solo estoy de paso
-que mal, solo nos interesa el agua y el sol.
luego comenzaron a conversar entre ellos, parecían discutir hasta que nuevamente se cuadraron en un gran coro y me preguntaron
-si no nos traes agua y sol ¿por qué viniste?.
-justo en ese instante cuando iba a dar mis razones, supe que no tenía ninguna, había llegado allí sin saber cómo o por qué, tampoco me lo había preguntado… solo estaba allí.

primera entrada

aproveche que pasaba una bandada de pájaros para partir de allí.

trazos II

trazos

El Columpio

Jose de las tres Marias bien había decidido dos meses antes partir hacia el pueblo donde había pasado su infancia, tal vez fatigado de la vida en la ciudad o mas bien acosado por el recuerdo indeleble de Patricia, su primera novia, quien la conoció mientras se balanceaba en el columpio. Transcurría el año de 1935 y ella era hija del barbero, el  padre de Jose de las tres Marías era el abogado y dos veces electo alcalde, asistía regularmente los lunes a las 9 de la mañana con el barbero. Patricia por su parte de vez en cuando jugaba en el local, con su vestidito de flores rojas se la pasaba dando vueltas en las sillas giratorias; se impulsaba desde el estante de peinillas, y le encantaba comer pequeños dulces rojos con forma de mora. 

Fue un sábado cuando caía la tarde y la hojas secas de la primavera rodaban por la calles cuando José de la tres Marías le comenzó a dar pequeños impulsos a Patricia; ella le sonreía y le pedía que le diera mas impulso, sentía como el viento le enredaba su cabello, el aroma a dulce…
pasarían cerca de 60 años, dos matrimonios, dos divorcios; y el recuerdo de aquella tarde parecía no perderse ante el tiempo. Cuando Jose de las tres Marías llego al pueblo, se dirigió al parque, alli estaba Patricia, columpiando a su nieta…

tropezones

Hoy me tropecé con un par de letras, unas de hace un par de años, otras de algunos meses y unas pocas que salieron después del desayuno; me miraron, indagaron, algunas apenas si me reconocieron. Una carta del 98 y como quien no quiere la cosa, me saludó con esa cara que uno pone cuando no esta seguro de si lo conoce o no. Tomamos un café, otra me preguntó sobre cómo olvide las salchichas de las mañanas, de la arepa con jamón, cómo fue posible que perdiera un prendedor… algunas de ayer también tenían preguntas, comentarios, dudas y en general una gran cantidad de opiniones…
y al abrir el closet, me encontré conmigo mismo escribiendo justo esto.

Saltos y elefantes

Me acabo de enterar que los elefantes no saltan, así que me pregunto que hacen si les da por saltar de alegría, si se encentran en un charco y no pueden saltar para mojar a otros. O que será cuando se encuentren con otros elefantes y no puedan saltar mientras se abrazan…
en definitiva… no se como le hacen los elefantes… para vivir sin saltar, tal vez su trompa salte…

instancias..

Javier Alberto de las tres Marias, pretendió sin mayor éxito guardar aquella esperanza en mitad de una cajita azul y que llevaba dentro del bolsillo, intentó por todos lo medios, hacerla caber, la dobló, planchó, enrolló, apretó y aun así no entraba.
Así que decidió dejarla sobre el sofá… la dejó tiernamente con sus manos…

la esperanza se quedó allí un buen rato, con sus patitas en el aire jugando, siguiendo la sombra de la silla mientras transcurre el día…

todas las esperanzas juegan, se juntan… y Javier Alberto de las tres Marias un buen día sencillamente dejó de buscar y se sentó a jugar.

juegos de cuentos

inserte un sueño, comience con pequeñas alteraciones de su vida, por ejemplo si hubiese tomado otras decisiones, luego recuerde los mejores momentos, junte eso en una bolsa, agítala fuertemente… al abrirla deje que lentamente caigan las palabras, entre usted y yo las ordenamos. No le puedo prometer que ahora su vida vaya a cambiar, o que vayan a suceder las cosas del cuento; sin embargo, se puede intentar, por el solo hecho de intentar.

siempre valdrá la pena tirar una botella con un mensaje al mar… solo por ese mismo hecho.
lo que podemos hacer es lo de siempre… resignificar-nos.